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«La gran casa», por Nicole Krauss. Ediciones Salamandra.

05/11/2012

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Todos en pie

Hable con él.

Señoría, en el invierno de 1972, R. y yo rompimos, mejor dicho, él rompió conmigo. Sus motivos eran vagos, pero vino a decir que tenía un lado secreto, una parte cobarde y despreciable que jamás podría mostrarme, y que necesitaba alejarse como un animal enfermo hasta haber mejorado aquella faceta suya de tal modo que lo hiciera digno de compañía. Aunque se lo discutí —era su novia desde hacía casi dos años, sus secretos eran los míos y si había algo cruel o cobarde en él yo lo habría sabido mejor que nadie—, fue en vano. Tres semanas después de que se mudara, recibí una postal suya sin remite en la que me decía que nuestra decisión —así la llamaba— había sido la correcta, por dura que resultara, y me instaba a reconocer que nuestra relación había terminado para siempre.

Luego todo empeoró durante una temporada y después empezó a mejorar. No entraré en detalles más allá de explicar que no salía, ni siquiera para visitar a mi abuela, y tampoco dejaba que nadie viniera a verme. Por extraño que parezca, lo único que me servía de consuelo era que hacía un tiempo de perros, por lo que pasaba las horas recorriendo el piso, armada de una pequeña y extraña llave inglesa especial para ajustar los tornillos de los vetustos marcos de las ventanas. […] Luego, a lo mejor disfrutaba de media hora de tregua, que pasaba sentada en la única silla que quedaba en el piso. Durante un tiempo, al menos, fue como si lo único que quedaba del mundo fuera aquella lluvia interminable y la necesidad de ajustar bien los tornillos. Cuando por fin salió el sol, decidí dar un paseo. Todo estaba inundado, y aquellas aguas quietas como espejos me serenaban. Caminé mucho rato, por lo menos seis o siete horas, por barrios a los que nunca había ido y a los que jamás he vuelto. Regresé a casa exhausta, pero convencida de haberme purgado de algo.

Ella me lavó la sangre de las manos y me dio una camiseta limpia, quizá suya. Me tomó por su novia o tal vez incluso por su mujer. Nadie ha venido por usted aún. No me apartaré de su lado. Hable con él.

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Fragmento de la novela «La gran casa », escrita por Nicole Krauss y publicada por Salamandra

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