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«Kallocaína» por Karin Boye. Gallo Nero Ediciones

14/02/2012

RECOMENDADO DE LA SEMANA

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De modo que solicitamos un  nuevo grupo de diez humanos cobaya casados, a los que repetí el pequeño discurso del día anterior. Todo se desarrolló exactamente igual, con la sola diferencia de que estos se encontraban en peores condiciones: alguno acudió incluso trastabillando con las muletas, y otro, con la cabeza vendada. Pudiera ser porque, en general, son pocos los humanos cobaya casados, y precisamente para aquel experimento, las muletas significaban tanto como nada, pero ¡aun así! Últimamente la escasez de humanos cobaya había venido acentuándose de forma notoria. Como es lógico, los íbamos consumiendo en el transcurso de los años y algo había que hacer para que el trabajo continuase como siempre. En cuanto se marcharon de la sala, estallé:

—¡Es un escándalo! ¡Dentro de nada, simplemente faltará personal! Tendremos que hacer nuestros experimentos con moribundos y perturbados mentales. ¿No sería oportuno que las autoridades pusieran en marcha una nueva campaña como aquella de la que hablaba el primer ejemplar, para ir completando las filas mermadas?

—Nada le impide presentar una queja —dijo Rissen encogiéndose de hombros.

Fragmento de «Kallocaína», escrito por Karin Boye. Prólogo de Luna Miguel. Gallo Nero Ediciones.

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