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Perros, gatos y lémures. Los escritores y sus animales. (errata naturae)

24/01/2012

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Un hombre tan abrupto como Byron se estremecía especialmente ante sus perros. Años después viviría una aventura que demuestra su agudeza, su determinación y su ingenio. No estamos seguros de si la anécdota sucedió o pertenece al campo de una leyenda creada para ensalzar el amor a los animales del poeta. El amor a los animales y el desdén a los hombres. Un día, Byron realizaba un viaje en barco desde el puerto de Londres; con él llevaba a uno de sus perros. Me gusta pensar que era Boatswain. De repente, sin que se sepa muy bien el motivo, el animal cayó al agua. El atlético Byron se dirigió al capitán y le pidió que parase, que había que socorrer al perro. El capitán le recordó que en el reglamento no constaba, en lugar alguno, que ese accidente fuera un motivo sólido para detener la navegación. Otra cosa habría sido que quien se hubiera caído fuera un hombre. Byron insistió varias veces, pero siempre se encontraba con las excusas del marino. Y finalmente no le quedó otro remedio que arrojarse al agua: el capitán se sintió obligado a interrumpir el viaje y a recogerlo entre las olas y con él a su perro.

Fragmento del relato «El perro inmortal de Byron» escrito por Antón Castro e incluido en la Antología «Perros, gatos y lémures. Los escritores y sus animales», publicada por errata naturae.

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